tentaculo derecho

Lillian, la inquebrantable

Trama

Lista de capítulos

Sinopsis

Lillian es descendiente de una prestigiosa familia de la tribu de los murciélagos guerreros del desierto. Tuvo una infancia difícil, más que nada debido a las costumbres de su pueblo, que no permitían a las hembras formarse en las artes de la guerra, dejando estas en manos de los machos, por lo que en su mayoría la población masculina de la tribu estaba conformada por brutos, pero más que competentes, guerreros. Todo parecía estar en contra de la pequeña, quien lo que más deseaba era llegar a ser alguien importante en su tribu, y en una sociedad de guerreros, la única forma de llegar a ser alguien era dominando las artes de la guerra y llegar a ser mejor que cualquier otro guerrero. Sin embargo ¿quién podría enseñarle?, ningún macho se tomaría en serio una petición tan descabellada por parte de una simple hembra.

Sin embargo la idea no abandonaba la cabeza de Lillian, quien entrenaba en secreto por su cuenta observando las prácticas de los guerreros e imitando lo que veía, pero pronto se dio cuenta de que necesitaba un verdadero maestro para progresar realmente, así que al fin, un día acudió a su hermano Hakim y le pidió que la entrenara. En un principio este descartó la idea como la locura de una jovencita, pero la determinación de su hermana terminó por convencerlo, además cabe mencionar que, a pesar de ser un guerrero consumado, Hakim tenía una mente más abierta que otros murciélagos. Después de todo ¿Qué daño hacia que su hermana aprendiera a defenderse?, así, el entrenamiento en serio de Lillian comenzó formalmente.

Lo primero fue buscar un arma que se acomodara a ella. Fue entrenada en el uso de cuchillos, arcos, espadas cortas y finalmente se decantó por el uso de un mandoble, pues la enorme espada le ayudaría a no estar en desventaja en contra de oponentes de mayor tamaño. Con los años llegó a desarrollar una técnica excepcional con la gran y pesada espada, logrando maniobrar rápidamente a pesar del peso, e imprimirle una gran fuerza a sus golpes.

Cuando los demás murciélagos se dieron cuenta de que una hembra estaba entrenando para ser guerrero, pocos lo tomaron en serio, generalmente pensaban que se trataba de una broma o que era una pérdida de tiempo por parte de Hakim, sin embargo Lillian comenzó a retar otros guerreros jóvenes, y pronto las risas y burlas terminaron, poco a poco demostró estar al nivel de las circunstancias, y se ganó una reputación… Las maneras de su tribu fueron cambiando gracias a ella, quien levantó la cabeza en alto y se ganó el respeto de los demás guerreros, como una igual… Pero una transgresión a las antiguas costumbres no podía ser aceptada tan fácilmente por todos, y había un joven guerrero que miraba con odio y envidia a Lillian. Para colmo de males, se trataba del hijo del jefe de la tribu, quien, al morir su padre se convirtió en el nuevo líder, y tras meses de poner pruebas y zancadillas a Lillian, tratando de avergonzarla y humillarla dándole misiones y encomiendas cada vez más difíciles para que esta fallara, no soportó más y estalló, retando a Lillian a duelo para probar su punto de que una hembra no podía ni debía ser un guerrero.

Así, toda la tribu se reunió para ver aquel duelo que se había hecho de una manera tan pública. Antes de la batalla, Hakim le pidió a Lillian que se dejara vencer, pues una victoria contra el líder solo podía acarrearle desgracias, sin embargo Lilli había sido bien entrenada, ella no se consideraba una “hembra-guerrera”, ella se consideraba un guerrero más, y como todo buen guerrero ansiaba la gloria, y ella se sabía lo suficientemente hábil y fuerte como para tomarla con sus propias manos.

El líder había sido entrenado por su padre a conciencia para ser el mejor, y la lucha fue muy igualada durante varios minutos, sin embargo poco a poco Lillian se fue imponiendo… Un poco más rápida… Un poco más hábil… Finalmente logro hacer un corte en la mano de la espada a su rival, haciéndole perder su arma para, inmediatamente, darle una feroz patada en el pecho, haciéndolo caer al suelo y dejándolo expuesto y vulnerable… Lillian colocó la punta de su mandoble en la garganta de su oponente, y con esto dio por finalizado el duelo.

Sin embargo era solo el principio de las penas de Lillian.

El líder, humillado ordenó que la apresaran, a pesar de las airadas protestas de algunos miembros de la tribu, incluida por supuesto, la familia de la joven, y aún en contra de las recomendaciones de su sabio consejero, la condenó al mayor deshonor de que puede ser víctima un murciélago:

Sus alas serian cortadas y, si sobrevivía al barbárico procedimiento, Lillian sería exiliada.

Por si esto no fuera poco, mientras el injusto líder observaba con delectación como se cumplían sus órdenes, reparó en que Lillian lo miraba fijamente, y a pesar del obvio dolor que nublaba sus ojos, el líder se dio cuenta de que en la mirada de la guerrera no había miedo, sino odio, así que decidió darle otra lección… Tomando una daga le sacó sin contemplación el ojo derecho.

Lillian sobrevivió a la cruel tortura, y apenas pudo ponerse en pie se cumplió la segunda parte de su condena, fue arrojada como un perro a las afueras de la aldea, dando órdenes de matarla si se atrevía a regresar. A pesar de las voces en contra, la voluntad del líder se impuso a fuerza de sangre y fuego… Nunca nadie volverá a cuestionarlo, sin embargo sabía que Lillian podía llegar a ser un estorbo, más como los ánimos estaban demasiado soliviantados, matarla habría sido un error, y el líder no quería una mártir… Por esto mandó a que le colocaran un brazalete mágico, llamado “El brazalete del remordimiento”, que se colocaba a aquellos guerreros que por una u otra razón eran castigados con la prohibición de utilizar armas. Este dejaba prácticamente inutilizada la mano del brazo en que se encontraba, dejando insensibles los dedos y paralizando totalmente el pulgar, y como la técnica de Lillian se basaba en el uso del espadón a dos manos, esta quedaba prácticamente inservible. Sin embargo Lillian tomó todas sus desgracias como un aliciente, había sido aplastada y humillada por haber sido mejor que alguien más… Y volvería a serlo, dominaría su técnica del mandoble con una sola mano, y con el tiempo volvería a reclamar la gloria que por derecho era suya.

Su cuerpo fue mutilado, pero su voluntad jamás será doblegada, ni su mente rota.

Lillian, la guerrera.

Nunca doblegada, nunca rota.

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